El riesgo de que la persona epiléptica presente déficit cognitivo está condicionado por varios factores que actúan conjuntamente (Portellano, 2008):
§ Etiología:
Las epilepsias sintomáticas (en las que se conoce de forma clara y conocida una
causa) tienen mayor riesgo de sufrir deterioro cerebral que las epilepsias
idiopáticas (no reflejan alteración estructural).
§ Edad
de comienzo: Las epilepsias de comienzo más temprano producen mayor deterioro
de las de inicio tardío, independientemente del tipo de crisis.
§ Duración
de la enfermedad: La duración-promedio de la epilepsia es de 13 años. Por
tanto, a mayor duración de la enfermedad mayor probabilidad de que se produzca
deterioro neuropsicológico.
§ Frecuencia
y tipo de crisis: Las crisis generalizadas producen mayor deterioro que las
crisis parciales porque afectan a áreas más amplias del encéfalo. Las crisis
parciales simples provocan menor riesgo de deterioro que las crisis complejas.
Las crisis mixtas (parciales y generalizadas) producen un riesgo de deterioro
intermedio.
Cuando
mayor sea el número de crisis, mayor es el riesgo de que se produzca deterioro
en las funciones cognitivas.
§ Localización
del foco epiléptico: Si el foco es en los lóbulos temporales, la lesión
dependerá si es en el izquierdo (afectando al material verbal) si se produce en
el derecho afecta a la memoria explícita no verbal.
La
epilepsia del lóbulo frontal son la más frecuente, tras el temporal,
produciendo síndrome disejecutivo: dificultad en la programación de la conducta
dirigida a metas, trastornos de la atención sostenida, dificultades en memria
de trabajo y alteraciones emocionales.
§ Tratamiento
farmacológico: Los fármacos antiepilépticos pretenden mejorar la calidad de
vida de los pacientes, bien disminuyendo la hiperexcitabilidad, o bien
incrementando el nivel de neurotrasmisión inhibitoria. Los fármacos
anticomicales están relacionadas con el deterioro cognitivo. Estos fármacos
tienen un efecto sedante sobre el sistema nervioso que puede afectar a
determinados procesos cognitivos, especialmente los que requieren atención
sostenida. Los fármacos de nueva generación ejercen efectos adversos sobre el
rendimiento cognitivo. El topiramato, en concreto, puede tener efecto adverso
sobre funciones ejecutivas, memoria, atención y lenguaje.
La dosis
empleada también influye en el riesgo de deterioro. Si son elevados se
producirá mayor alteración neuropsicológica. Un incremento más rápido en la
dosis o el número de fármacos también puede producir un bloqueo en las
funciones cognitivas.
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